El Sitio de Eugenia
Estación de Canfranc

La Estación Internacional de Canfranc es sin duda, tanto por historia como por belleza, unos de los edificios míticos “casi” abandonados más singulares de España.

En 1853, los aragoneses piden al estado español la creación de una estación internacional que comunique España y Francia a través del pirineo aragonés. Es en 1928 y tras años de acuerdos, tratados y duras negociaciones, cuando  se inaugura la estación internacional de Canfranc: la segunda más grande de Europa en aquella época, una estación monumental.

“Más grande aún que el Titanic”, así la publicitaban en aquellos tiempos. Nadie imaginaba entonces que su porvenir iba a ser igualmente trágico…

Construida en la época más turbulenta de la vieja Europa, desde su estratégica situación ha conocido la grandeza, la clausura, el abandono y el olvido.

Hoy, más de cuarenta años después del cierre de la línea, la estación de Canfranc espera, con majestuosa e imperturbable serenidad, el regreso de sus días de gloria….

La Estación de Canfranc

Entre verdes pastos y altas cumbres, reciben al ilusionado viajero que va en su busca 241 metros de planta, 300 ventanas, 156 puertas dobles y su imponente cubierta de pizarra negra, que sobreviven a duras penas al implacable clima pirenaico y a la dejadez de las instituciones, que desde que la estación dejó de funcionar en los años 70,  no han hecho mucho para mantener este lugar tan emblemático.

En el año 2005, las reivindicaciones surten efecto por fin y se comienzan obras de restauración, proyectando en el edificio de la estación y en sus alrededores, diversos usos para potenciar el turismo en la zona.

Impresiona frente a tanta verticalidad, su serena horizontalidad.

En  2013 el Ministerio de Fomento vende la estación al Gobierno de Aragón y es entonces cuando se pone en marcha la rehabilitación del edificio, se refuerza la cubierta, y se restauran el vestíbulo y varios vagones de época. Trabajos que continúan hoy en día.

Zona restaurada del vestíbulo. El cuerpo central alberga el vestíbulo donde se encontraban las taquillas. Grandes ventanales, pilastras de corte clásico y trabajo en madera Art Decó, se combinan para crear un elegante espacio, lujoso

Aquí se aprecia perfectamente el paso del tiempo y el olvido. Aunque todavía resalta el lujo, como la escalera por la que se accede del paso subterráneo realizada en mármol y el suelo de baldosa hidráulica de la época.

La Estación de Canfranc

En la actualidad nos encontramos con un edificio cercado, el acceso es limitado y por visitas guiadas. Aún así, no deja de sorprender lo grande que es.

El edificio de pasajeros destaca por su largo desarrollo longitudinal. El cuerpo central alberga el vestíbulo donde se encontraban las taquillas. Grandes ventanales, pilastras de corte clásico y trabajo en madera Art Déco, se combinan para crear un elegante espacio, lujoso. En los cuerpos laterales, estaban el puesto aduanero, la comisaría de policía, correos y un hotel internacional. Contaba también con restaurante y biblioteca, además de dos pasos subterráneos.

Para comprender la magnitud de este proyecto y la importancia que tuvo, solo basta pasear por los muelles, contemplar el depósito de máquinas, con su estructura metálica, las inmensas naves y las diversas grúas que todavía permanecen a los lados de las vías.

Si, es cierto, todo ahora invadido por la maleza y el vandalismo y, sin embargo, para mi es un lugar con mucha magia. Me imagino las historias que sucedieron entre estos hierros…

Estación de Canfranc

España en 1940 sufría una dura postguerra y Europa estaba inmersa en plena Segunda Guerra Mundial.

El Servicio de Inteligencia Británico escogió el paso fronterizo de la estación internacional de Canfranc para recopilar e intercambiar informaciones cruciales para la contienda bélica.

De este modo montó una red de espías formada por vascos, aragoneses y franceses que informaron acerca de los movimientos de las tropas alemanas y el paso de mercancías, sobre todo el oro requisado por los nazis, que entraban y salían de España.

Establecieron conexiones semanales entre Canfranc, Zaragoza y San Sebastián para llevar los mensajes al consulado inglés de la capital donostiarra desde donde cada lunes, lera remitida por valija diplomática a Madrid.

Gracias a las informaciones de esta red de espías se ayudó a la derrota de los nazis y su expulsión de los terrenos ocupados…

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